Cómo controlar mis impulsos y dejar de ser arrebatado

A todos nos puede pasar que sentimos que nos invaden fuertes emociones y que lejos de poder canalizarlas mediante la meditación o la reflexión, terminamos manifestándolas en acto, lo cual a veces tiene que ver con conductas dañinas para sí mismos o para terceros, insultos, enojos, etc. Es importante saber que tener conductas impulsivas no es algo que se enmarque en una patología, sino que todos podemos tenerlos y la clave está en tratar de controlarlos. Es de esto de lo que queremos ocuparnos en el post del día de hoy, por eso en lo que sigue a continuación te contamos Como controlar mis impulsos y dejar de ser arrebatado para que logres controlar su reacción impulsiva ante determinadas situaciones que siempre son las mismas o a veces diferentes.

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Técnicas para controlar los impulsos y dejar de ser arrebatado

Debemos aclarar que para que una persona deje de tener conductas impulsivas, debe trabajar en esto para poder controlarlas.

Es muy importante observar y tener analizados aquellos impulsos que son los que nos hacen actuar negativamente. Para esto deberíamos tratar de tomar cierta distancia de uno mismo, para poder ver la situación de una manera más objetiva, y analizar qué sentimos ante una situación y qué pensamos, y en función de eso, cuál es la mejor manera de poder actuar, sin que esta reacción conduzca un arrepentimiento luego.

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Una de las técnicas que más se utilizan desde la psicología para controlar los impulsos, es la llamada suf del impulso. Ésta consiste en escribir sobre una hoja en blanco la observación objetiva y consciente de los impulsos que nos afectan, lo cual se logra a partir de tomar distancia de la situación a modo de espectador y no de protagonista. En esta hoja vamos a escribir los impulsos, lo que pensamos, sentimos como sensaciones, preocupaciones y sentimientos respecto de la situación en cuestión. Acá el objetivo es poder observar y analizar, y no la acción.

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Centrándonos en la observación y no en la acción, en la conduta, lo que hacemos es seperar de impulso del objeto o situación que lo desencadena, lo que ayuda a que el cerebro pueda entrenar para no darle pase libre a los impulsos. Así nos centramos en reconocer el impulso, en observarlo, porque todos podemos tenerlos, pero no hay que sucumbir ante ellos, sino tan sólo evaluarlos y poder canalizarlos desde otro lado, desde la reflexión y la racionalización.

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